El bolero: un adhesivo latinoamericano dentro de un mundo global
Como apunta Jeremy Adelman, la historia global gira alrededor de la integración y conexión[1] entre distintos sitios del mundo. Se trata de una serie de narrativas que tratan de explicar los complejos procesos mediante los cuales se desploman las fronteras, se fusionan aspectos culturales aparentemente opuestos y se entretejen relaciones entre lugares distantes. Surgió por la necesidad de contar las realidades de un mundo interconectado, pero rápidamente logró posicionarse también como una alternativa a las historias nacionales que no miran más allá de sus contornos geográficos. Pero si el objetivo de la historia global es mostrar las formas en que el mundo está conectado, ¿por qué siguen existiendo espacios ausentes en los trabajos que se enmarcan en esta corriente histórica? La respuesta tiene que ver con el lugar de producción de esas historias. Tanto Adelman como Brown reconocen que, en este tipo de narrativas, existen sesgos y decisiones que continúan perpetuando las problemáticas relaciones de poder que surgen entre Occidente y todo espacio que sea diferente a este o, en otras palabras, el Resto. Así, Adelman señala que “todas las narrativas son selectivas y se construyen tanto por lo que excluyen por como lo que incluyen”[2], y, en una línea similar, Brown demuestra los riesgos de escribir una historia global que solo tenga en cuenta los intereses de los países occidentales, donde se producen la mayoría de los trabajos de este campo.[3]
Otro problema que se manifiesta al momento de hacer historia global gira en torno a las siguientes cuestiones: ¿qué es lo global? ¿Qué es lo local? ¿Cómo se cuenta lo global? Al pensar en estas preguntas, lo primero que surge son los nombres de los grandes países considerados como desarrollados. Estados Unidos y las naciones de Europa, por ejemplo, son considerados en el espacio de lo global por su alta influencia en el resto del mundo. En este sentido, pensar en lo global sigue manteniendo jerarquías y dicotomías que son problemáticas para considerar las regiones que históricamente han sido enmarcadas en la categoría de “periferia”. Estas relaciones entre lo que está arriba y lo que está abajo oscurece las formas en que lo global se va intercalando con elementos locales. En este sentido, este texto pretende explorar las relaciones entre lo global y lo local desde América Latina. Para esto, usaré un elemento importante de la producción cultural latinoamericana: el bolero. Argumento que el bolero ha tenido un rol importante en la creación de una imagen global de América Latina. Este género musical, originado en Cuba, me parece una forma adecuada de acercarme a estos procesos de difusión global debido a que el desarrollo de este género logró permear los imaginarios de y sobre América Latina, tanto dentro de esta región como fuera de ella. Escojo este género musical por el impacto que ha tenido sobre el continente americano y porque, a la vez, permite descubrir procesos de conexión e integración en una escala amplia.
A pesar de que América Latina es un espacio altamente heterogéneo, el bolero se posiciona como un adhesivo o pegante para la región, a tal punto que, como destaca Pagano, “en el fondo de cada latinoamericano hay un bolerista dormido que en cualquier momento puede despertar a regalarse una serenata”.[4] Para defender el argumento principal de este texto, dividiré el documento de la siguiente forma. En primer lugar, presentaré un acercamiento histórico al surgimiento del género y su rol en la conformación de las relaciones de género en América Latina. Y, en segundo lugar, ubicaré al bolero en un contexto de relaciones globales que le brindan agencia al espacio latinoamericano dentro de los procesos de globalización. Las relaciones de género y el desarrollo histórico de la región tienen un espacio importante en este texto porque son dos de las formas en las que se han creado y difundido los imaginarios sobre América Latina tanto en una escala local como en una escala global.
De ritmos latinoamericanos
El bolero es un ritmo cubano. Historiadores musicales ubican el origen del bolero en la segunda mitad del siglo XIX.[5]Pero este género musical no se limitó al espacio geográfico de la isla, ya que durante el siglo XX tuvo un lugar importante en las sociedades de todos los países latinoamericanos. El salto del espacio marítimo al continental sucede entre las décadas de 1940 y 1950, cuando México, debido a su cercanía con las islas del Caribe, se une a Cuba y Puerto Rico como exponentes principales de este género musical en la región.[6] El bolero encuentra su éxito en la narración de sus canciones debido a que puede ser considerado como “un cuento que narra cosas simples y sencillas que han sucedido entre seres humanos, preferentemente entre hombres y mujeres”.[7] Además, este género musical ha cumplido una función social e integradora para la región latinoamericana. Pero también ha logrado crear una imagen específica en América Latina sobre el erotismo, el amor y el deseo (este último entendido como un deseo tanto en lo íntimo como en una escala más amplia). A continuación, exploraré el rol del bolero en la creación de imaginarios amorosos y su papel en la búsqueda y conformación de una identidad latinoamericana.
Para De la Peza, el bolero se convirtió en un “lugar de enunciación” en las relaciones amorosas y en una forma de transmitir “las concepciones más convencionales de los roles femeninos y masculinos y de las relaciones amorosas heterosexuales”.[8] Esto es importante debido a que la imagen de América Latina para el resto del mundo contiene tintes basados en las relaciones de género en la región, en las que el machismo y el marianismo son sus principales características.[9] En el caso específico de Colombia, por ejemplo, el bolero tuvo un gran auge debido a su característico “romanticismo que se toca, se canta [y] se baila”.[10] En el resto de los países de la región, este género musical se convirtió en el canto amoroso y erótico por excelencia. Pero esta difusión también trajo consigo una serie de asuntos en los que las relaciones heterosexuales estaban en el centro de la narrativa. Pagano destaca los siguientes temas como elementos importantes de este canto al amor: “el amor por encima de las clases sociales, el deseo de la mujer del prójimo, la incitación a la infidelidad, el rapto de la adolescente, […] y la denigración continua de las mujeres que obligaban a beber por su conducta deshonesta, ingrata, traidora, hipócrita”.[11] En estas cuestiones, las relaciones de género son claras.
Pero las particularidades latinoamericanas del bolero también encontraron un espacio en las relaciones globales. Al cantarle al amor y a la sensualidad, principalmente entre los hombres y las mujeres de la región, este género musical también logró enmarcarse en los procesos globales que formaron a América Latina. De hecho, Podestá Arzubiaga considera al bolero como un “resultado inesperado de la historia latinoamericana” gracias a su capacidad de contar las vivencias de todas las personas que habitan la región, sin distinción de categorías identitarias.[12] No obstante, el bolero no se restringe solo a esto. El género musical también es el resultado de una serie de intercambios globales que surgen de las relaciones entre América Latina (y, especialmente, el Caribe) y ritmos e instrumentos que provienen de otros espacios, específicamente de España.[13] Estas influencias de la danza y la música fueron adaptadas a la realidad latinoamericana para producir un género regional que se encontraba en constante conversación con los procesos globales. Así, el bolero construyó “una cosmovisión que permitía entender [el] mundo de cambios y transformaciones” en el que se enmarcaba América Latina.[14] Es decir, este género musical no solo se convirtió en un canto al amor y al romance, sino también en una forma de contar el desarrollo histórico de una región amplia, diversa y llena de tensiones. Esta característica del bolero ayuda a cuestionar la narrativa de América Latina como una víctima y su constante dependencia de los sistemas globales.[15] Si bien, el bolero bebió de los discursos y las producciones culturales de otras regiones, fue creado como un género musical propio de las experiencias latinoamericanas. De esta forma, no solo se “insertó en la globalidad a partir de la especificidad cultural” sino que también se convirtió en “un profundo proceso de búsqueda de las raíces latinoamericanas”.[16]
En conclusión, el bolero es un ejemplo pertinente para identificar las formas en que América Latina tiene una larga trayectoria en la historia global. A través de sus narrativas y sus cantos al amor, este género musical cuenta también una historia llena de tensiones entre la región latinoamericana y los complejos y amplios procesos que surgían de la relación entre América Latina y otros espacios geográficos. Asimismo, el bolero posicionó una imagen mundial de la cultura latinoamericana en la que las relaciones de género jugaron un papel importante. Todo esto apunta a que América Latina siempre ha tenido un lugar en los procesos globales, pero que este hecho ha sido oscurecido por las narrativas hegemónicas que surgen de la forma tradicional de hacer historia global. Como destacan Adelman y Brown, tanto el lenguaje como el lugar de enunciación juegan un papel importante en este oscurecimiento. El bolero, al poner tanto al idioma español como a las experiencias latinoamericanas al centro, cuestiona las maneras tradicionales de ver los intercambios globales y le da un lugar privilegiado a las experiencias de la llamada “periferia”. Pero, al mismo tiempo, se posiciona como una alternativa para entender las complejas relaciones entre esta región y su lugar en los procesos de globalización.
Pies de página
[1] Jeremy Adelman, “What is global history now?”, Aeon, 2 de marzo de 2017.
[2] Ibid., parr. 19.
[3] Matthew Brown, “The global history of Latin America”, Journal of Global History, n. 10 (2015): 364-386.
[4] César Pagano, “El bolero en Colombia: un viejo amor”, Revista de la Universidad Nacional (1944-1992), n. 20 (1989): 37-48.
[5] Gaspar J. Marrero, “Apuntes históricos sobre el bolero”, Pensamiento y Reflexiones, n. 10 (2016): 211-228.
[6] Ibid., p. 220.
[7] Juan Podestá Arzubiaga, “Apuntes sobre el bolero: desde la esclavitud africana hasta la globalización”, Revista de Ciencias Sociales, n. 19 (2007): p. 96.
[8] María del Carmen De la Peza, “El bolero y la nueva canción de amor”, deSignis, n. 14 (2009): 83-92.
[9] Un ejemplo de esto es la imagen del macho y su relevancia al hablar de la región latinoamericana. El hombre de América Latina es generalmente asociado al machismo y a la figura del macho desde otras latitudes. Existen estudios que ubican la concepción de esta asociación en las producciones de inicios del siglo XX del cine mexicano.
[10] César Pagano, “El bolero en Colombia: un viejo amor”, Revista de la Universidad Nacional (1944-1992), n. 20 (1989): 37-48, p. 44.
[11] Ibid., p. 44.
[12] Juan Podestá Arzubiaga, “Apuntes sobre el bolero: desde la esclavitud africana hasta la globalización”, Revista de Ciencias Sociales, n. 19 (2007): p. 97.
[13] Ibid., p. 97.
[14] Ibid., p. 98.
[15] Matthew Brown, “The global history of Latin America”, Journal of Global History, n. 10 (2015): 364-386.
[16] Juan Podestá Arzubiaga, “Apuntes sobre el bolero: desde la esclavitud africana hasta la globalización”, Revista de Ciencias Sociales, n. 19 (2007): p. 112.
Referencias
Adelman, Jeremy (2017). “What is global history now?”, Aeon, 2 de marzo de 2017.
Brown, Matthew (2015). “The global history of Latin America”, Journal of Global History, n. 10: 364-386.
De la Peza, María del Carmen (2009). “El bolero y la nueva canción de amor”, deSignis, n. 14: 83-92.
Marrero, Gaspar J. (2016). “Apuntes históricos sobre el bolero”, Pensamiento y Reflexiones, n. 10: 211-228.
Pagano, Cesar (1989). “El bolero en Colombia, un viejo amor”. Revista de la Universidad Nacional (1944-1992), n.º 20 (abril): 37-48.
Podestá Arzubiaga, Juan (2007). “Apuntes sobre el bolero: desde la esclavitud africana hasta la globalización”, Revista de Ciencias Sociales, n. 19.