Museo del Prado en Panamá: un viaje artístico a través del tiempo

El Museo del Prado llegó a Panamá con una exhibición que recorre Centroamérica para llevar las obras más características de España a suelos americanos.

Son la 1:30 de la tarde de un domingo caluroso. Los rayos del sol penetran implacablemente la piel de los pocos valientes que se atreven a acercarse a la Plaza de Francia, que esta vez se ve diferente. Un laberinto artístico adorna sus alrededores y se mezcla entre los árboles y monumentos del lugar. Los visitantes, llenos de curiosidad, se acercan a mirar más de cerca. Se trata de una exhibición itinerante al aire libre: el Museo del Prado en Panamá.

60 paneles se levantan alrededor de la famosa plaza al extremo del Casco Antiguo para contar la historia de España a través de un recorrido por las obras más características del museo madrileño. Dividida en cuatro partes, la exposición lleva a los asistentes en un viaje cronológico a través de la historia del arte de tres regiones europeas: España, Italia y Flandes. Los trazos y pinceladas de Velásquez, Goya y Tiziano se convierten en un festival artístico sin precedentes. La Plaza de Francia se llena de cultura.

Luego de recorrer República Dominicana, Guatemala, Honduras y El Salvador, esta iniciativa llega a suelos panameños gracias al Centro Cultural de España en Panamá, en colaboración con el Museo del Prado, el Instituto Nacional de Cultura y la Alcaldía de Panamá. Son 55 pinturas las que componen esta muestra, que expone reproducciones de tamaño proporcional a las obras originales. Cientos de visitantes llegan al parque fascinados por ver en tan alta resolución las piezas que adornan los interminables pasillos del museo en Madrid.

EL CORAZÓN DE LA EXHIBICIÓN

En medio de la plaza pasean un par de sujetos con chalecos de color blanco con franjas rojas en los cuales se lee la palabra "Guía" en un color rojo vibrante en la parte posterior de la distintiva prenda de vestir. Impacientes por brindar un recorrido guiado, los individuos del chaleco blanco y rojo caminan de un lado a otro ofreciendo su colaboración a quien se detenga a ver una de las pinturas exhibidas en el Museo del Prado en Panamá.

Fueron varias horas de capacitación, con un contenido que parecía interminable. Por tres semanas, los voluntarios de la muestra se prepararon para guiar a los visitantes a través de este mágico mundo artístico estudiando una condensación de los elementos más esenciales de la historia española, la historia del arte y las características más relevantes de las pinturas.

El estudio de los contenidos se hizo a través de un seminario intensivo impartido por las administradoras de la Casa del Soldado, Adriana y Ruth, con la ayuda de Fernando Pérez Suescun, curador de la exposición y parte del departamento de educación del museo, quien explicaba a detalle cada una de las obras de la muestra.

A pesar de que las pinturas son la parte central de la exposición, son los mediadores culturales quienes le dan una pizca de dinamismo a la muestra, proporcionando a cada pincelada un pedacito de historia y vida. 15 personas de todas las edades formaron parte del equipo de voluntarios del chaleco blanco y rojo que por dos meses y medio guiaron recorridos comentados a todo aquel que llegara a apreciar la exhibición. Y yo tuve la oportunidad de ser uno de esos sujetos que caminaba impaciente de un lado a otro en la Plaza de Francia con la distintiva pieza de vestir.

Cada fin de semana hacía el viaje hasta el extremo del Casco Antiguo para comenzar los recorridos guiados a quien se acercara a la plaza. Aún queda en mi piel el rastro que dejó el sol al tocar mis brazos descubiertos mientras caminaba entre las reproducciones acompañado por un grupo de personas que, como yo, querían saber más de cada pieza que se mostraba. Sacrificar mis domingos y quedar con la voz gastada al final de la tarde valió la pena. El Museo del Prado en Panamá ha sido, sin duda alguna, una de las experiencias más enriquecedoras que he tenido. Tener la posibilidad de contribuir un poquito con la cultura del país es remuneración suficiente para todo el trabajo que hicimos cada uno de los voluntarios de esta maravillosa exhibición.

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