Los bailarines de San Felipe
Mediante el programa Enlaces de la Fundación Calicanto, niños y niñas aprenden a desarrollar su potencial a través de la danza.
Fotos. Oliver Meixner
“El baile no tiene género. Es como el color rosado, que aunque puede ser identificado, no tiene género”, expresa Joameth Manzané, uno de los chicos del programa Enlaces de la Fundación Calicanto.
Hace cuatro años y medio su abuelo lo llevó a la fundación, y allí comenzó a practicar danza contemporánea, ballet y jazz a través del programa, que tiene como objetivo desarrollar el potencial artístico de niños y niñas de las áreas de San Felipe, Santa Ana y El Chorrillo.
Joameth fue uno de los 19 bailarines en Retomando el Vuelo, la presentación de fin de año del programa Enlaces, en el Teeatro Guild de Ancón, que combinó la coreografía de Lobadys Pérez, director de la compañía Periferia de Cartagena, y los movimientos de José Leonardo Amaya, uno de los fundadores del programa.
En la obra, los niños interpretaron animales. Flamencos, tigres y gorilas invadieron el escenario con pasos fuertes y movimientos libres en una rutina de danza contemporánea. Joameth personificó a un tigre.
El maestro de creación coreográfica del programa, Luis Sierra, dice: “son piezas complejas a nivel de espacio y musicalidad y ellos [los niños] lo asumen con mucha responsabilidad y entrega”.
Según María Theoktisto, coordinadora, “el show muestra la madurez de los niños en danza. La pieza se enfoca en las dificultades quehay que superar cuando tienes un sueño”.
La puesta en escena es una mezcla entre un extracto de la presentación que tuvieron en agosto llamada Reflejos, y el trabajo realizado por la compañía de danza Periferia cuando vino a Panamá en octubrepara participar en el Festival de Danza Contemporánea Prisma.
“Ellos [los de Periferia] hicieron un taller de cuatro días y montaron la pieza con los chicos. Fue una colaboración muy interesante porque es una compañía reconocida”, recalcó la maestra Theoktisto.
Agrega que “la parte más difícil de montar un show es controlar la ansiedad de los niños, los nervios. Para ellos, el ensayo constante y el perfeccionamiento son un reto. Son héroes en el sentido de que para hacer lo que hacen tienen que repetirlo incansablemente”.
El maestro Sierra cuenta: “Nunca había trabajado con niños. Tuve que aprender a ser paciente. Me han sorprendido por su disciplina y entrega”.
Las historias detrás del ‘vuelo’
Joameth Manzané, de 13 años, quiere ser piloto de aviación, pero también bailarín profesional. “De no estar aquí [en el programa] no hubiese sido como soy. Me han enseñado buenos valores”.
Zaira Valentina Marín es una de sus compañeras. Para ella el miedo escénico no es un impedimento: “Por momentos me da miedo, pero trato de acordarme de que mejoro cada vez más y que puedo hacerlo”, comentó la chica de 14 años.
Hace dos años y medio, cuando llegó a la fundación, no sabía bailar. Le costó pasar del nivel principiante al avanzado.
Con una sonrisadice que lo que más le gusta es pasar tiempo con sus compañeros y poder expresarse a través del baile sin ser juzgada. “Me siento libre”.
Su modelo a seguir es su maestra Analida Galindo. “Quisiera bailar como ella porque le pone corazón y siempre trata de hacerlo mejor”.
Cristhian Méndez empezó en la danza a los 9 años. Comenzó a practicar con el maestro Luis Sierra en un parque en El Chorrillo. Ingresó al programa después de pasar una audición. Hoy tiene 11 años.
Para él lo más difícil de preparar un espectáculo es aprenderse los pasos. Las paradas de manos son lo más complicado. La danza contemporánea es su favorita porque puede expresar lo que siente. “Bailar está dentro de ti, pero hay que tratar de sacarlo”.
“Me gusta estar aquí porque aprendo nuevas cosas y no llego a estar en pandillas ni entre drogas”, expresó Cristhian. Gracias a la formación que ha recibido en el programahasta ha mejorado sus calificaciones escolares.
BAILE Y ESTUDIOS
Tutorías para los niños
Aparte de fomentar el arte y la cultura en niños de áreas vulnerables, el programa Enlaces promueve un desarrollo integral de sus alumnos por medio de tutorías. Los chicos bailan entre dos y tres horas diarias y el resto del día lo invierten en sus actividades académicas. De esta manera, se aseguran de que su formación artística vaya acompañada de un mejor rendimiento en sus estudios.