La transformación de Medellín a través de la cultura
La ciudad pasó de ser una de las más violentas, a una urbe ejemplar a partir de una transformación ideada por los artistas.
Hace 25 años, la violencia y los conflictos provocados por el narcotráfico ponían en riesgo la vida de los habitantes de Medellín. La esperanza de este territorio colombiano parecía estar perdida. Sin embargo, tras varias iniciativas sociales, la capital antioqueña salió de esa etapa oscura. Hoy es una urbe renovada y con gran potencial de desarrollo gracias a la transformación que se logró a través de la cultura y la inclusión.
“El modelo de Medellín fue respuesta a una tragedia humana. La ciudad no tenía futuro, íbamos a desaparecer, estábamos en el infierno”, explica Luis Miguel Úsuga, exsecretario de Cultura Ciudadana de Medellín. “En ese contexto se desarrolló un proyecto con un enfoque de inclusión y de convivencia fuerte. Y funcionó muy bien”, añade.
Úsuga ejerció su puesto en la Secretaría entre 2008 y 2011. Durante ese período, trabajó en el desarrollo y la implementación de políticas públicas en los temas de seguridad alimentaria, LGBTI, afrodescendientes, juventud, y en el Plan Decenal de Cultura de Medellín.
Pero el proyecto cultural de esta ciudad nació en la década de 1990. En medio de los conflictos que enfrentaba el territorio, los artistas se dieron cuenta de que debían hacer algo para minimizar el problema. Según Úsuga, la forma del gobierno de responder al narcotráfico “era con la fuerza pública, dando bala. Era haciendo batidas, matando delincuentes. Esa no era la forma de solucionarlo; los artistas se dieron cuenta”.
Detalla que la manera era entendiendo “qué le pasaba a los otros, y abriendo espacios en los que los otros y nosotros pudiéramos estar. Eso fue lo que sucedió en ese momento”.
En la década de 1990, las entidades culturales, la academia y representantes del sector público se reunieron. “Nos sentamos a decir cómo debería ser la política cultural”, confiesa Úsuga. “La política cultural no es en qué nos vamos a gastar la plata el año entrante; es ver en dónde queremos estar en 20 años”.
Añade que en ese momento se dijo que la ciudad necesitaba más equipamientos culturales en la periferia. “No había, todos eran en el centro”, acota. “Nos reunimos todos y dijimos: ‘hay que tener bibliotecas y teatros en los barrios, oferta cultural en los barrios’. Hoy hay 52 equipamientos culturales en los barrios de Medellín”.
Se preparó entonces un documento, el Plan de Desarrollo Cultural de Medellín en la década de 1990. De esta manera, un grupo de gestores culturales abrió las puertas a una nueva forma de gestión cultural, que más tarde el gobierno replicó e implementó poco a poco.
Para Úsuga, “si la política pública no parte de los actores vivos, no funciona. Cuando es el gobierno el que la propone y la impone, no funciona”.
“Cuando estaba en el gobierno, decidimos que teníamos que hacer de ese proceso una política pública más grande. Hicimos, yo creo, el proyecto más ambicioso que se ha hecho en una ciudad latinoamericana”, comenta el exfuncionario. “Nos demoramos cinco años diseñando la política pública, y participaron tres mil personas. Los políticos, los científicos, los académicos, los empresarios, la gente del sector cultural, la gente de las comunidades, todo el mundo. Hicimos unos procesos de participación y se hizo una política pública que es una belleza: el Plan Nacional de Cultura de Medellín”.
Pero para que la transformación continúe, Úsuga dice que las soluciones nuevas “las tienen que dar las personas nuevas”. Ahora el trabajo le toca a los jóvenes de Medellín para seguir el cambio social y cultural de su ciudad.
Con respecto a Panamá, considera que la diversidad que tiene el país no la tiene ningún otro, en Latinoamérica. “La primera parte, que es la existencia de la inclusión social, eso se ve aquí”, continúa. “Uno ve que el trabajo que están haciendo en los barrios con pocos recursos económicos, en la población afrodescendiente, en los indígenas, están abriendo espacios donde se pueden expresar y se consolida la diversidad”
Pero el cambio se logra de una manera integral. “El resto es tener espacios donde se junten mentes alrededor de unos propósitos. Es allí donde la cultura ofrece herramientas concretas para que disminuya la violencia, para que se reconozca al otro o para que haya desarrollo común. Es un herramienta multifuncional”.
Luis Miguel Úsuga estuvo en Panamá para dictar la charla “Cultura como herramienta de inclusión”. Además, fue jurado invitado para evaluar iniciativas culturales que contribuyan a la conmemoración de los 500 años de la Ciudad de Panamá. La convocatoria de estas propuesta fue realizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.
Foto: Oliver Meixner/La Prensa
Esta nota fue publicada en la edición del 10 de febrero de Revista Ellas.