Nahuel Pérez Biscayart en IFF Panamá

Fotos: Cortesía de IFF Panamá

Fotos: Cortesía de IFF Panamá

En 120 latidos por minuto, Nahuel Pérez Biscayart interpreta a Sean Dalmazo, un joven seropositivo que lucha por los derechos de las personas con VIH mientras forma parte de la versión parisina de la asociación Act Up, un grupo creado para advertir a la población sobre la epidemia del virus a inicios de la década de 1990.

El actor, originario de Argentina, lleva ocho años trabajando en el cine francés. Sin embargo, este ha sido uno de los papeles más notorios de su carrera, y el que le ha dado mayor reconocimiento ante el público internacional.

Gracias a su trabajo en la película fue reconocido como mejor actor en los Premios Globos de Cristal y los Premios Lumières, y como mejor revelación masculina en los Premios César, el equivalente francés de los Óscar. Hace unas semanas estuvo en Panamá para presentar la cinta en el Festival Internacional de Cine (IFF Panamá).

En medio de música tecno, un sentido de urgencia y la necesidad de supervivencia, este filme del director Robin Campillo se convierte en un retrato atinado de la comunidad LGBTI de la época. El mensaje es potenciado por las vivencias de Campillo, que formó parte de la coalición Act Up, sin convertirse en una descripción autobiográfica.

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“Tuvimos una inspiración que vino desde muchos lugares. Fue muy diversa. El director, el productor y el coguionista de la película fueron militantes de Act Up, entonces constantemente tuvimos intercambios y anécdotas. Fue absolutamente enriquecedor e inspirador”, cuenta Pérez Biscayart.

Para construir los personajes y conocer más de la historia alrededor del filme, el elenco tuvo acceso a los archivos audiovisuales del Instituto Nacional Francés, en los que vieron imágenes de las acciones que emprendía la coalición en la época.

“También vi un documental muy interesante que se llama Silverlake Life: The View from Here, que es muy crudo. Es de una pareja de seropositivos que se filma mutuamente mientras que la enfermedad los va consumiendo”, cuenta. “Además, leí un libro de Didier Lestrade, fundador de Act Up París”.

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Pérez Biscayart no suele decir que sí a todos los proyectos que recibe, por lo que la conexión que consiguió con 120 latidos por minuto se convierte en algo especial.

“A veces digo mucho que no. No elijo un personaje, primero leo películas, leo el guion entero. Nunca  pensando en si mi personaje es interesante o no”, manifiesta el actor que desarrolla su carrera en proyectos de cine de autor.

“Me parece más interesante hacer un personaje pequeño en una gran película, que hacer un gran personaje en una película que quizás para uno no tenga interés”, asegura. “En ese sentido, la elección de un personaje está muy ligada al contexto del filme y al del director, de los trabajos previos y al de los otros compañeros con los que voy a trabajar. Eso es fundamental. Eso es algo que para mí no tiene negociación posible”.

Justo eso lo encontró en esta película. En una sesión de preguntas y respuestas  al final de la primera presentación de la cinta en el IFF Panamá, el actor contó que una de las mejores experiencias del proyecto fue trabajar con un elenco tan diverso e inspirador.

“Todos los integrantes de la película tienen un nivel de inspiración descomunal. Todas las personas que participaron son muy atractivas, generan curiosidad. Hay músicos, bailarines, militantes, actores de teatro, actores de cine. Es tan diverso que yo creo que eso también generó que la película tuviera una energía tan particular”, contó en la entrevista para revista Ellas.

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A pesar de que no hubo un momento determinante para que Pérez Biscayart le diera el sí a la película, destaca que al leer el guion vio algo que no se ve a menudo.

“Cuando leí el libreto, estaba escrito de una manera que rara vez uno ve. Estaba muy bien escrito a nivel de detalle y de los diálogos. Todas las escenas las visualicé, y eso es algo muy raro en algunos guiones en los que podés ver la película. Hay unos que están escritos y que todavía les falta aceite o trabajo. Este era muy, muy fluido”.

“Entonces de por sí tenés unas ganas de  saber quién está ahí, qué hay detrás de este guion, quién va a dirigirlo”. Y así fue que  se empezó a interesar en el proyecto.

 A pesar de tener más experiencia en la cinematografía europea, Pérez Biscayart relata que ve con mucho agrado las coproducciones entre países de América Latina.

“Hay algo muy interesante en el hecho de que podemos, como latinoamericanos, empezar a escuchar más nuestros acentos, a participar en proyectos de vecinos y a encontrar a nuestro público y nuestro mercado”.

Por esta razón aprecia mucho los espacios como el que brinda el IFF Panamá, que no se enfoca solamente en los productos que vienen de Hollywood o de grandes países, y que abre puertas a trabajos de naciones vecinas con una industria más emergente.

“Necesitamos un IFF todos los días del año en realidad. Necesitaríamos cines o cuotas de pantalla para poder pasar todas las películas que estamos viendo en este festival. Que no sea una excepción, que sea una posibilidad más. Que la diversidad exista todo el tiempo, todo el año”, recalca.

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En otras ocasiones, el actor, de 32 años, ha dicho que le importan más las experiencias que el dinero o lo material.

“La experiencia te genera aprendizaje, el dinero o el discurso no. Me parece que uno puede hablar un montón de las cosas, pero si no las experimenta no puede aprenderlas. Si el cuerpo no transita las cosas, si no las atraviesa, hay muy poca posibilidad de cambio”, destaca. “Una experiencia es mucho más potente que comprarte un teléfono o un almohadón”.

En este punto de su carrera, en la que ha logrado hacer papeles en diversas partes del mundo, el actor puede ganar experiencia no solo en distintos países, sino también en diferentes idiomas. El argentino habla cuatro idiomas y ha encontrado en esto una gran ventaja.

“Hay muchos directores que hablan diferentes idiomas. Cuando hablas más de uno solo, tus posibilidades y tu abanico se expanden. Es un poco como  empecé a filmar en francés, en alemán y en italiano”. Para Pérez Biscayart, hablar en diferentes lenguas es un sinónimo de libertad. “Es tener más instrumentos de comunicación y más instrumentos de expresión”, comentó antes de finalizar la conversación para  continuar con su agenda de entrevistas durante el tercer día de su visita a Panamá.